Las mil dudas de Alberto y una súplica su entorno: “Basta, Cristina”

"El Presidente analiza echar a dos funcionarios ultra K: ¿Se animará? Cuáles son los otros cambios que suenan, la estrategia de la vice por despegarse y los rumores en torno a Guzmán", analiza Santiago Fioriti este domingo en Clarín.

Alberto Fernandez

El periodista sostiene que "habrá cambios en el Gobierno. Cambios de nombres y retoques en el funcionamiento de algunas áreas. Pronto, aunque no será mañana ni pasado. Lo que está en juego, y es lo que se discute por estas horas en la Residencia de Olivos, es la dimensión de esas modificaciones. Hasta qué punto el Presidente está dispuesto a hundir el cuchillo y afectar aún más su relación con Cristina -o su no relación- para intentar dar respuestas frente a una crisis que esta semana reveló un nuevo récord inflacionario. En su cabeza, por ejemplo, ronda la idea de echar a Roberto Feletti, el secretario de Comercio, y a Federico Basualdo, el subsecretario de Energía, a quienes una buena parte del Gabinete acusa de boicotear la gestión. Habrá que ver si se anima".


Sus adláteres dicen que sí, que esta vez sí. Son los que empujan la emancipación de Cristina para ir por una hazaña electoral el año que viene. Los mismos que han peregrinado desde el día uno, sin éxito, con esa creencia. El resto del Gobierno prefiere no opinar. Algunos, porque se han tragado varios amagues. Otros, porque sostienen que el remedio podría ser peor que la enfermedad y optan por tomar distancia; apenas, conjeturan: si el avance del albertismo sobre el cristinismo se concretara, ¿cuál sería la reacción de Cristina y La Cámpora que se ven a sí mismos como los gestores del poder y ya en su momento presentaron la renuncia en masa?

Uno de los tres funcionarios que más horas conversa con Fernández asume que si se inclinara por hacer lo que él cree, podría dar un golpe de autoridad, pero advierte que antes habría que evaluar las derivaciones frente a aliados que siempre parecen propensos a subir la apuesta. O que acaso aprovechen la movida para escapar del fuego. La réplica podría volverse impredecible. “Por eso no hay que descartar nada. Ni cambios de ministros ni renuncias ni la forma en que organizamos el Gobierno. Todo está en la mesa de análisis”, dice la fuente.

Alberto reúne argumentos para desprenderse de Feletti y de Basualdo, que son hoy los funcionarios que más ruido provocan en dos temas centrales para su administración: la suba de precios, que en marzo fue la más alta en veinte años, y la segunda tanda de incrementos que se acaba de anunciar en las tarifas de servicios públicos, una meta indispensable para sostener el acuerdo con el FMI.

Feletti, el caudillo que puso Cristina para el control de precios y que con el correr de los meses se transformó en un crítico tenaz de Martín Guzmán, asumió en octubre del año pasado, tras la derrota electoral. Prometía mano dura con los supermercadistas. El día que se hizo cargo dijo que su meta era “bajar el peso de la canasta alimentaria en promedio a los ingresos populares”.

En cinco meses, de octubre de 2021 a febrero de 2022, que es el último registro oficial de la canasta, los alimentos de primera necesidad -carne, fideos y harina, entre otros- aumentaron 24.7%. Las comparaciones son odiosas, pero a menudo necesarias. A Paula Español la echaron por bastante menos. Si se miran las planillas del Indec, se constatará que en los cinco meses previos a la salida de Español el salto de la canasta fue de 12,5%, la mitad de lo cosechado en la gestión de Feletti.

La situación de Basualdo, el otro funcionario que podría irse, es insostenible desde abril del año anterior, cuando Guzmán quiso echarlo por afectar su plan tarifario. Esta semana hubo un nuevo episodio traumático para el ministro de Economía. El domingo, pocas horas antes del nacimiento de Francisco, Fernández lo recibió en Olivos. Acordaron convocar a audiencias públicas para la segunda suba de tarifas del año. Guzmán le dio la orden a Darío Martínez, el secretario de Energía, y Martínez le pidió un informe a Basualdo.

Basualdo se excedió. “No hizo un informe técnico, nos hizo una crítica macroeconómica”, le dijo el ministro al Fernández. El subsecretario hizo algo tal vez peor: vaticinó que con la nueva tanda de incrementos se llegará a subas acumuladas del 65% para la clase media, cuando Guzmán asegura que no estará por encima del 43%. Podría decirse, sin faltar a la verdad y para el deleite del mundo Twitter, que Alberto estalló de furia.

“Basta, Cristina”, dijeron a su lado. Es una frase que empieza a oírse cada vez más seguido. El ala política del Gobierno insiste con que Alberto “algo tiene que hacer” frente a la conducta cada vez más opositora de su vice. También lo manifestó, sin nombrarla, el propio Guzmán, el lunes, en la entrevista con C5N, cuando sostuvo que “hace falta un apoyo político claro en lugar de llevar acciones que generan incertidumbre”.

En el entorno presidencial se dicen cosas bastante más explícitas, y mucho más hirientes, contra la figura de la jefa del Frente de Todos. Los cristinistas, que monitorean hasta las palabras en off the récord, reaccionan siempre con vehemencia: el gran culpable de la inflación es Guzmán y debe irse. De la inflación, del acuerdo con el FMI y de haber ajustado en la primera mitad de 2021 que los llevó a la derrota electoral, según Cristina. Los rumores sobre su salida tampoco cesan, pese a que Alberto lo sostiene. Se verá hasta cuándo. O si, llegado el caso, lo usa como moneda de cambio.

Por lo pronto, en Economía pretenden la salida de Basualdo, una suerte de intocable para Máximo Kirchner y Cristina. Un dato que tal vez se desconozca: hace unos días, en el equipo energético hubo divergencias entre los propios cristinistas por cómo pararse frente a los planes de subas. Alguien trasladó el chimento hasta el Instituto Patria. Cristina zanjó las diferencias: nombró a Basualdo como coordinador de su propia tropa y determinó que cualquier ruido se lo comunicaran a ella en persona. El interventor del Enargas, Federico Bernal, que también le responde, no quedó muy contento. Cuestiona el trabajo de Martínez.

Las cavilaciones de Alberto son frecuentes. Es natural hablar con varias fuentes del Ejecutivo sobre un mismo tema y que las respuestas sean disímiles, incluso cuando esas fuentes sean de primera línea y con acceso directo al Presidente. La confusión es notable. “No sabemos si Alberto está abrumado por las dudas o si nos dice a cada uno lo que queremos escuchar”, confía un ministro.

En lo que parece haber consenso es en el regreso de Agustín Rossi, a quien antes de las primarias se le exigió la renuncia por insistir con su candidatura en Santa Fe, en contra de los intereses que Cristina tenía para esa provincia. Le están buscando un lugar, pero no es fácil porque se desconoce cuál será la dinámica que tomarán los cambios.

A Rossi se lo menciona para la Agencia Federal de Inteligencia, en reemplazo de la actual interventora, Cristina Caamaño, que tiene diálogo directo con la vicepresidenta. Otros dicen que Rossi podría ocupar un puesto clave en la Casa Rosada si se produjeran vientos turbulentos: el ministerio del Interior o la jefatura de Gabinete, aunque hoy ni Eduardo de Pedro ni Juan Manzur se quieren ir ni Alberto tiene previsto sacarlos.

El otro gran dilema es si Fernández intentará compensar estos cambios con la salida de algún funcionario propio. Lo ha hecho en otras ocasiones. Pero ni eso ni adivinar lo que supuestamente quería Cristina le han deparado satisfacciones. Más bien podría decirse que ha ocurrido lo contrario. Los acólitos presidenciales advierten que si Alberto prioriza la política de la compensación se estaría ante un nuevo paso en falso.

Los cristinistas inauguraron, o pretenden inaugurar, una etapa superior. El Gobierno es de Alberto y el fracaso es todo suyo. Cristina se preserva para 2023. Como si fuera tan fácil.

Un informe elaborado por economistas que trabajan para el diputado Rodrigo De Loredo determinó que el gasto de 21 ministerios, 40 organismos desconcentrados, 740 organismos descentralizados, 92 entes del Sector Público Nacional, 23 Fondos Fiduciarios y 26 empresas públicas es administrado por sectores cristinistas en un 71%; el 23% le corresponde al albertismo y el 6% al frente Renovador de Sergio Massa.

El informe lo preparó un opositor, pero a algún asesor de Alberto no le pareció inadecuado distribuirlo entre periodistas amigos.

Pequeñas venganzas para contradecir el “vamos a volver” que cantó la militancia kirchnerista, el miércoles, a la salida de la 14° Asamblea Parlamentaria Euro Latinoamericana, frente a los ojos de su mesías, que sonreía, alentaba y hasta improvisaba unos pasitos de baile. /Clarín

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