El doble crimen de Vicky y Horacio, los novios que quedaron en medio de la mafia del robo de autos

Actualidad - Policiales 16 de diciembre de 2022 Por Que Pasa Ciudad
En agosto de 2000, los jóvenes que vivían en Bahía Blanca fueron secuestrados. El objetivo era sustraerles el auto. Pero por alguna razón los mataron. Fueron condenados los instigadores del robo y más tarde un autor del doble asesinato.

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Tras abandonar el cumpleaños de una amiga, Héctor Horacio Iglesia Braun, pasó a buscar a su novia María Victoria Chiaradía. Iban a ir al cine del shopping de Bahía Blanca. Eso habían dicho. Ya el reloj marcaba el inicio del domingo 27 de agosto de 2000, cuando la pareja recorría las calles oscuras y frías de esa ciudad bonaerense. Sin embargo, nunca se sentaron frente a la pantalla grande, y la única especie de película de intriga y terror fue la que vivieran sus familias a partir de esa madrugada. Dos días después apareció el Chevrolet Corsa en el que se movían; y el lunes 4 de septiembre sus cuerpos sin vida, con dos disparos calibre 22 en la nuca de cada uno.

La historia de Vicky y Horacio conmocionó no solo a la ciudad sino a toda la provincia de Buenos Aires e hizo que el Gobierno de entonces se comprometiera con su esclarecimiento. Es que el joven de 19 años era hijo del comisario inspector Héctor Iglesia, por entonces jefe de la Departamental Trenque Lauquen. Y el crimen disparó todo tipo de teorías.

De acuerdo a la reconstrucción que se hizo después, se supo que la joven, también de 19 años y estudiante del Profesorado de Inglés, subió a las 0:45 al Corsa gris. Pero nunca llegaron al cine. Al parecer el destino elegido por la pareja fue un parque, donde habrían sido atacados para robarle el coche.

Recién a las 5:26 de la mañana, hubo una señal de ellos. Victoria llamó desde un teléfono público de la localidad de Tornquist y le dijo a su madre que habían tenido un problema con el auto y que le avise a la mamá de Horacio. “No te preocupes”, dijo más de una vez. En ese momento no llamó la atención, pero después se supo que esos dichos eran bajo amenaza de sus secuestradores.

A la pista del llamado, se sumó otra que terminó siendo clave para descifrar lo que pasó. Quien aportó el dato fue un playero de una estación de servicio EG3 ubicada en una de las salidas de la ciudad. Dijo que cerca de las 4 de la mañana, un hombre cargó gasoil en el auto de la pareja. Y aportó algo más: dentro del vehículo iban tres hombres, y uno de ellos era Horacio.

Sin embargo, y pese a que el playero hizo un identikit de la persona que manejaba, nada aportó de María Victoria, que para ese entonces viajaba encerrada en el baúl. Allí, días después, se encontraron pelos suyos y vellos púbicos de dos desconocidos.

Búsqueda desesperada

El domingo muy temprano Iglesia radicó una denuncia en la comisaría segunda por averiguación de paradero y así comenzó la búsqueda desesperada de familiares y amigos de la joven pareja.

Pasaron 48 horas hasta que los investigadores hallaron el Corsa, abandonado sobre un camino de tierra situado a 6 kilómetros de General La Madrid y a 250 km de Bahía Blanca. No solo faltaban elementos como las chapas patente, la llave de arranque o la rueda de auxilio, sino que los captores se habían encargado de borrar todas las huellas.

No obstante, el paradero de la pareja siguió siendo un misterio. Recién el lunes 4 fueron hallados los cuerpos sin vida de Vicky y Horacio en un monte de cipreses perteneciente al campo “Sauce Corto”, ubicado sobre un camino vecinal a 2,5 kilómetros de la Ruta 76, en Coronel Suárez. Estaban a varios kilómetros del lugar donde apareció el auto. Los cuerpos estaban tirados espalda contra espalda, semienterrados y con dos disparos calibre 22 en la nuca cada uno.

La comunidad bahiense reaccionó y se movilizó para pedir justicia. Esto sumado a la conmoción que trascendió a la ciudad y otros testigos que aportaron datos, hizo que el 8 de noviembre fueran detenidos Martín Goyeneche, dueño de un taller de chapa y pintura de Coronel Suárez; Juan Antonio Corona, vendedor de autopartes de 9 de Julio, y Rubén Martín, un vendedor de autos con epicentro en la populosa La Matanza.

Juicio y condena

Según la investigación de la fiscalía, la suerte de los jóvenes habría quedado sellada durante un acuerdo entre Goyeneche y Corona para obtener un Corsa. Todos los apuntados se movían en torno al negocio ilícito del robo de automóviles. Sin embargo, siempre sobrevoló la hipótesis de cierta relación armónica de la banda con agentes de la policía, que liberaba zonas.

Lo cierto es que 2003 la Justicia condenó a 10 años de cárcel a Goyeneche, Corona y Martín por la instigación al robo con armas del auto. Los tres fueron excarcelados bajo libertad condicional dos años más tarde.

Tras las condenas, el fiscal Eduardo d’Empaire se abocó a la búsqueda de los autores materiales del doble crimen. Así es como cayeron detenidos Gustavo “El Chino” Aguilar, Héctor “El Petiso” Fernández y Gustavo Javier “El Lagarto” Ravainera. Este último, que ya tenía una condena por estafas por adquirir vehículos con cheques sin fondos, fue detenido en septiembre de 2007 y un mes más tarde se decretó su prisión preventiva.

El Tribunal que los juzgó a fines de 2009 condenó a reclusión perpetua a Ravainera, pero no encontró pruebas concretas contra los otros dos acusados. Fueron absueltos por aplicación del beneficio de la duda. Pero para las familias y para la Justicia, siempre quedará la duda sobre quién (o quiénes) acompañaba a “El Lagarto” en el auto aquella madrugada. Dos compañeros de andanzas, habían sido asesinados en hechos muy dudosos y eso quedará en “el debe” de la causa. Como también las sospechas de connivencia de policías con la banda que robaba autos.

En 2018, tras cinco pedidos de prisión domiciliaria rechazados, un juez autorizó a Ravainera, con un cáncer terminal de pulmón, a vivir con su hermana en Villa Iris. La juntada de firmas de los vecinos para que lo echen de ese pequeño pueblo del partido de Puan no surtió efecto. En mayo de 2019 finalmente murió, y se llevó a la tumba los secretos del caso. Una tumba distinta a la de los inocentes jóvenes asesinados. Una tumba que, por ejemplo, los padres de Vicky visitaron todos los días por más de 20 años desde aquella trágica madrugada. (DIB)  FD

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